Cuando la obediencia anula
Desde el enfoque de la obediencia canina, hay ocasiones en las que el tener perro se convierte en algo desagradable en el día a día.
Nuestro compañero se vuelve “rebelde”, nos desobedece en casa y se vuelve incontrolable en la calle, tira de la correa, ladra a todo ser viviente, o se va comiendo todo lo que encuentra. De esta manera acabamos transformándonos en alguien que está constantemente vigilando lo que el perro hace y corrigiendo, incluso castigando antes de que lo haga porque ya sólo esperamos lo peor de él.
“Es decir que obedecer significa no cuestionar, y en este proceso es fácil aplicar un proceso de ceguera, donde lo que el otro siente no importa, y su criterio tampoco. Cuando esto se produce estamos anulando al individuo con el que trabajamos”.
Ante estas situaciones solemos etiquetar de “rebelde”, de perro “malo” y “desobediente”. Y buscamos desesperadamente fórmulas para que obedezca. En esta búsqueda es fácil encontrarnos con gente que recomienda mucho trabajo de obediencia desde diferentes visiones y con diferentes metodologías.
Entendiendo el concepto de obediencia canina
Pero, ¿qué es en realidad la obediencia?. Pues bien, buscando la etimología de la palabra obediencia encontramos sin sorpresa que “obedecer” viene del latín oboedescere der cuyo significado es hacer lo que otro manda; y De Oboedire, que textualmente es algo así como “cumplir la voluntad de quien manda”.
Es decir que obedecer significa no cuestionar, y en este proceso es fácil aplicar un proceso de ceguera, donde lo que el otro siente no importa, y su criterio tampoco. Cuando esto se produce estamos anulando al individuo con el que trabajamos.
¿Es la obediencia canina lo que estoy buscando?
Antes de elegir una estrategia de trabajo con mi perro debo plantearme y conocer qué es lo que quiero, qué espero de mi perro y qué tipo de relación quiero mantener con él.
Por otro lado es fundamental valorar qué realidad cumple mi perro, qué tipo de perro es y qué carácter tiene.
Llegados a este punto debemos cuestionarnos:
- ¿Queremos un perro social, un perro más autónomo o un perro dependiente?
- ¿Qué haga siempre lo que yo quiero que haga o que tenga iniciativas propias?
- ¿Alguien que sacar a pasear o alguien con quien ir de paseo?
Por otro lado también reflexionar sobre:
- ¿Es la obediencia una habilidad y una cualidad para la cual mi perro tiene predisposición?
- O por el contrario, ¿es una actividad que no le resulta estimulante por sus cualidades cognitivas y su forma de entender el mundo?
Si mi perro es uno de esos animales que disfruta con la obediencia y tiene cualidades quizás entonces es parte de la estrategia posible el desarrollo de esta actividad, siempre desde una visión canina amable y no limitante del crecimiento del perro.
Creando un nuevo concepto
“Lo más importante es ser coherente, y confiable para nuestro perro, convertirnos en una figura de autoridad para él es algo que llega después, cuando bajo sus ojos somos importantes y seguros para él y hacen lo que les pedimos porque confían en nosotros”.
La obediencia puede plantearse como un fin en sí misma, “yo ordeno y él obedece”, un argumento y una visión superflua y reducida de las relaciones humano-caninas.
Sí, hay metodologías que limitan el crecimiento del perro, de sus posibles cualidades y aptitudes. Y bajo nuestra visión hay que huir de estas estrategias.
Pero también existe otra visión en la que la obediencia no es tal. En esta visión la obediencia, a las que me gusta llamar dinámicas de comunicación canina, es en realidad una herramienta más dentro de la construcción del vínculo entre guía y perro.
Es aquí donde el perro lo hace por que le resulta interesante, es estimulante y agradable para él trabajar de esta forma, pero sólo es una herramienta más y la mayoría de las veces no es la más importante.
Comunicación canina como base de la obediencia
Lo más importante es ser coherente y confiable para nuestro perro, convertirnos en una figura de autoridad para él es algo que llega después, cuando bajo sus ojos somos importantes y seguros para él y hacen lo que les pedimos porque confían en nosotros.
Para ello es importante deshacernos de los viejos paradigmas de la obediencia y la autoridad. Cuando somos adultos el médico es una figura de autoridad por lo que sabe y porque nos cuida, este es el mejor ejemplo de autoridad elegida que podemos tener.
Cuando la autoridad no se elige sino que se impone, deja de ser autoridad para ser autoritarismo.
Es entonces cuando no hacemos las cosas porque creamos en esa persona, en lo que simboliza o aquello que sabe, sino que lo hacemos por miedo a represalias, entonces es cuando huyes y te escondes para hacer aquello que esa figura autoritaria te ha dicho que hagas.
En nuestra visión es prioritario el vínculo y la cooperación entre perro y persona y saber construirlo. La obediencia entendida como dinámica de comunicación canina y construcción de pautas de convivencia, puede ser en algunos casos una posibilidad, aunque hay muchas más alternativas que se construyen siempre desde el respeto y la empatía.
La alternativa siempre es crecer juntos.